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Algunas de las diferencias más relevantes entre la sedación y la anestesia general

Algunas de las diferencias más relevantes entre la sedación y la anestesia general

La progresiva demanda de actos de sedación en la última década en las clínicas dentales está relacionado principalmente, con el incremento en la realización de procedimientos dentales innovadores así como de la comercialización de fármacos, de la monitorización y del soporte adecuados para su uso en la sedación moderada consciente endovenosa  por un médico anestesista en este entorno con seguridad para el paciente y proporcionando cuidados de alta  calidad y confort al paciente.

La sedación se fundamenta en la administración de fármacos sedantes que proporcionan relajación, tranquilidad y calma, en donde se mantienen las funciones cardiovascular y respiratoria estables  e intactas del propio paciente y donde la percepción de los estímulos externos en cierta medida es posible y permite al paciente un contacto verbal racional con los profesionales del equipo. Si además de la sedación se asocia una depresión del sistema nervioso central más intensa,  parálisis del músculo, analgesia y amnesia estaríamos hablando de anestesia general, es decir, la sedación es sólo una parte de la anestesia general. Todo ello implica que las dosis de los fármacos que se utilizan en la anestesia general sean mayores que en la sedación.

Principalmente lo que se trata con la sedación es reducir la ansiedad del paciente dental, disminuir el dolor producido por la inyección del anestésico local en la infiltración en la boca, aumentar la tolerancia del paciente en procedimientos dentales de larga duración, evitar los riesgos posibles asociados con la anestesia general, que  no recuerde, es decir, proporcionar la amnesia del procedimiento dental, conseguir que la recuperación del paciente sea más rápida y que el alta a su domicilio sea más rápido en comparación con la anestesia general, y  menores complicaciones después del procedimiento dental que con la anestesia general.

La sedación puede ser instaurada a diferentes niveles de menor a mayor intensidad serían como ansiolisis, sedación mínima, sedación moderada o consciente y sedación profunda. En la ansiolisis y la sedación mínima el paciente tiene tranquilidad, en la sedación moderada se acompaña de una  disminución de la percepción y el paciente responde a estímulos táctiles y órdenes verbales, ya en la sedación profunda la respuesta del paciente es sólo a estímulos dolorosos.

En la anestesia general la disminución de la consciencia es más intensa y el paciente no recordará, ni oirá,  ni responderá a los estímulos como en la sedación moderada consciente.

Los posibles efectos no deseables de la anestesia general se evitan, por ejemplo en el aparato cardiovascular y en el aparato respiratorio, ya que en la  sedación el paciente es capaz de que sus reflejos naturales fisiológicos se mantengan intactos.

En la sedación el paciente mismo es capaz de mantener su propia respiración.  En la anestesia general el paciente no es capaz de respirar por sí sólo y necesita estar conectado a una máquina de anestesia o respirador que le ayude a respirar.

En algunas ocasiones  puede ser necesario en la sedación ayudar al paciente a respirar, con medidas sencillas como incorporar un poco al paciente en el sillón del gabinete dental o modificar ligeramente la posición de la cabeza y el cuello del paciente.

Además con la sedación el tiempo de la recuperación global del paciente es más rápido y mucho menor que después de la anestesia general, lo que disminuye la estancia del paciente en la clínica dental después del tratamiento dental al que haya sido sometido.